May Day: la rebelión del precariado dentro del contexto post68.* (Antón Fernández de Rota).

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May Day: la rebelión del precariado dentro del contexto post68.*
Antón Fernández de Rota.

El 1º de Mayo ha sido durante más de un siglo el símbolo por antonomasia del movimiento obrero en su lucha contra el capital. En las últimas fechas ha emergido una nueva expresión del 1º de Mayo. En ella me gustaría centrarme; estoy hablando del Proceso-MayDay o EuroMayDay.

La historia del May Day es corta. La primera manifestación tuvo lugar en el 2001 en Milán, impulsada y organizada por los Chainworkers, un colectivo de precarios que utiliza la contra-publicidad y lo que se ha venido a llamar la guerrilla de la comunicación. La idea en el 2001, así como en las movilizaciones posteriores, era realizar una manifestación con la que movilizar en medio de un ambiente combativo y carnavalesco a los precarios, ejerciendo de piquetes contra los establecimientos de las empresas transnacionales al ritmo musical de potentes sound systems.

En la primera manifestación participaron unas 5.000 personas. Al año siguiente la participación se multiplicó por cuatro. El éxito del May Day milanés hizo que pronto se extendiese a distintas ciudades italianas. Más tarde, fruto de los debates en el Foro Social de Londres en torno al deseo de constituir un movimiento antagonista, autónomo y europeo, se extendió a otros muchos contextos. Precisamente el paso al plano europeo coincidía en el tiempo con el momento e el que el modelo de los Foros Sociales se empieza a ver ya como algo deficiente, recuperado por la axiomática de la gobernanza capitalista y, en definitiva, como algo necesariamente a superar. Era este el momento en el que el movimiento alterglobalización estaba perdiendo la guerra mediática y estaba siendo desarmado en el discurso mainstreem por las organizaciones (neo)socialdemócratas y ONGistas.

En el 2005 el intento de constituir el Euro-May Day, en tanto que expresión post-Génova/2003 de un movimiento europeo, antagonista y autónomo, resultó exitoso. Ya en el 2004 se había conseguido coordinar un May Day en Milán y Barcelona a la vez, pero en el 2005 se logró extender también a ciudades como Sevilla, Amsterdam, Berlín, Copenague, Hamburgo, Helsinki, Viena, Londres, Limoges, París, Estocolmo, Marsella… hasta un total de 22 urbes. En el sumatorio de manifestaciones se movilizaron unas 250.000 personas, siendo la manifestación más populosa la de Milán, en la cual participaron unas 100.000 personas. Los resultados del año siguiente fueron similares. Ahora en el 2007, no obstante, el futuro del May Day es incierto. En el próximo Global Meeting de Venecia, un encuentro global de activistas de todos los continentes que tendrá lugar a finales de este mes de marzo, se debatirán y analizarán sus posibilidades, sus carencias, sus triunfos y sus fracasos. Si bien ya está prevista la realización de alguna manifestación este año (por ejemplo, la del May Day Sur andaluz), su continuidad futura todavía es incierta.

Al margen de lo que se decida en el Global Meeting y los grupos y asambleas en sus respectivas ciudades sobre el futuro del May Day, el acontecimiento que ha abierto hasta ahora ya es de por sí significativo. En esta comunicación mi intención es precisar cuál es el significado del May Day en tanto que reinvención por parte de las nuevas formas de hacer política del periodo postobrerista del símbolo por antonomasia del periodo obrerista.

Otro 1º de mayo es posible.

El May Day es más que una manifestación: es un proceso y una coordinadora sui generis organizada en red. En esta red se entretejen muy distintos actores, una multitud de colectivos, centros sociales, okupas, sindicatos de base, grupos de investigación-militante y medios de información alternativos de diversos países (Alemania, Italia, Francia, Yugoslavia, Inglaterra, Finlandia, etc). Los grupos se organizan horizontalmente a través de listas electrónicas que elaboran las propuestas, evalúan su situación sobre la marcha y preparan la asamblea europea anual del May Day, en la cual se encuentran corporalmente los activistas y se toman las últimas decisiones. Además, en cada ciudad se celebra una asamblea abierta para organizar localmente el evento. A estas reuniones públicas acuden muy diversos grupos y personas, muchos de ellos ajenos al devenir propio de la red May Day.

El May Day, por tanto, es más que una manifestación aunque tampoco se trata exactamente de una organización al uso. Se trata más bien de una vinculación informal en movimiento o un proceso constituyente, y que no significa otra cosa sino un momento de convergencia dentro de trayectorias vitales distintas. En la biografía de todos los colectivos que coyunturalmente se pueden dar cita, el May Day no es sino un instante más de su acción cotidiana.

Así pues, el May Day es un proceso, una red, una relación y un macro-evento con manifestaciones coordinadas y simultáneas a nivel europeo, en distintas ciudades, que se organiza en forma/red, horizontal y asambleario, y que, decía, además pretende reinventar el símbolo 1º de Mayo.

El May Day pretende esta reinvención en al menos dos direcciones. El primer vector de expresión es de la visualización. De una forma explícita el May Day desea visibilizar y movilizar a la centralidad de la nueva composición laboral-existencial potencialmente antagonista. Para ello enfoca su atención en unas figuras sociales claves, los Mig.Pre.Cog, esto es: los migrantes, el precariado en general (temporalidad, flexibilidad, sin garantías sociales) y el cognitariado (los precarios cuya producción es inmaterial). De igual modo, quiere visibilizar y efectuar un espacio alternativo para hacer política, autónomo con respecto a los dispositivos de control/representación del estado.

El segundo vector consta de un movimiento en dos tiempos: recuperación y reactualización. El May Day pretende efectuar una forma de hacer política distinta a la tradicional, desde fuera de las instituciones, con nuevas proclamas, nuevas formas de expresión, organización y estilo, recuperando y reactualizando el 1º de mayo: recuperándolo de la institucionalización a la que ha sido sometido por medio de los sindicatos integrados en las políticas de simulación y control del Capitalismo Espectacular; reactualizándolo frente a los viejos esquemas del obrerismo del periodo fordista, impregnando la lucha con tintes “contraculturales” y dando paso a una forma de antagonismo biopolítico.

Además de estos elementos que caracterizan el ser del May Day -la doble visibilización, la recuperación y la reactualización-, es interesante hablar del May Day en otro sentido: el May Day como una encarnación más que expresa la actualidad de lo que se ha venido a llamar la multitud, como otro acontecimiento político más del nuevo ciclo de luchas que protagoniza esta multitud.

Movilizando a los precarios.

El May Day pretende reactualizar el 1º de Mayo adaptándose al cambio en las subjetividades cultural/deseantes y al cambio social ocurrido con el paso del fordismo al postfordismo. La intensificación de los flujos migratorios y la eclosión de un nuevo trabajo flexible, temporal y precario, unido al cambio cultural y la pérdida de la identidad obrera construida en torno a la categoría de clase, se ha vuelto un impedimento para el desarrollo de las políticas sindicales tradicionales, que además ya eran de por sí bastante ineficientes a la hora de aproximarse a los excluidos por el mercado, los invisibilizados, esto es, parados, “amas de casa”, trabajadores del sexo, etc. El May Day pretende reactualizar el 1º de Mayo enfocando las nuevas realidades precarias, las nuevas formas de explotación intermitentes del postfordismo. Pero también pretende dar un paso hacia una nueva forma de lucha que se ha vuelto hegemónica en el actual ciclo post-1968: la lucha biopolítica.

Podríamos decir que, al igual que lo que caracteriza al capitalismo postindustrial es el biopoder y el espectáculo, es decir, su intento de captura y gestión de la vida hasta en su más íntima faceta a través de la producción de mundos significativos y de deseos, esto es produciendo mundos perceptivos y formas de vida, lo que caracterizan a los movimientos postobreristas, desde los sesenta hasta aquí (en España desde el fin de la “Transición”), es de igual modo su carácter eminentemente biopolítico: su desdiferenciación entre lo personal y lo político, su énfasis sobre la transformación de la vida cotidiana, su política prefigurativa, su producción de nuevas formas de vida alternativas, nuevas formas de ser, de relacionarse, intentando ensayarlas ya durante la lucha, o como decía un viejo axioma anarquista, creando el mundo nuevo dentro del caparazón del viejo. Atendiendo a esta doble reactualización posfordista y postobrerista, el May Day moviliza a los nuevos protagonistas (el precariado, el cognitariado, los migrantes y los invisibles) a través de nuevas formas biopolíticas organizadas alrededor de las redes y los centros sociales, territorios donde la vida y la convivencia se transforman en política, territorios donde se prefiguran y practican los nuevos mundos posibles deseados.

La propia reivindicación contra el mundo del trabajo deviene en sí misma biopolítica. El May Day lucha contra lo que clasifica como la “precarización de la existencia”, que va más allá de una mera relación laboral. Su lucha es contra la vitalidad precarizada, contra una precariedad que afecta a la vida en su conjunto, incluida la precarización de los afectos, la psique, la vivienda, el ocio, el medioambiente, el cuerpo. La precariedad se entiende, por tanto, como algo atravesado por muy distintos vectores modelizadores de las formas de vidas precarias. Entre otros, un colectivo dentro de la red May Day, Precarias a la Deriva, señala los siguientes vectores: tiempo (estrés, inestabilidad, imposibilidad de planificación), espacio (movilidad y desplazamientos), renta y garantías escasas (dependencia a la familia o amigos), riesgo (vulnerabilidad), cuerpo (disciplinas, sexualidades y estéticas obligatorias) y aquella influencia de la precariedad vital en las relaciones y cuidados (en las comunidades laborales, afectivas, en la sociabilidad).

Por tanto, el May Day se aproxima al mundo del trabajo, a su símbolo por antonomasia, pero con la pretensión de transversalizarlo con el resto de las esferas vitales, intentando articular reivindicaciones consecuentes a esta voluntad biopolítica. Parte del hecho de que tanto el trabajo cognitivo, como el migrante, como el invisibilizado o el precario en general suponen ya en sí mismos una continua desdiferenciación entre tiempo/lugar de trabajo y tiempo/lugar de ocio y que, asimismo, el trabajo cognitivo vuelve imposible la individuación del trabajo en tanto que se produce bajo la forma colectiva del general intellect o la cooperación de cerebros. Ya que el trabajo tiende a volverse cada vez más inconmensurable, el May Day reivindica la Renta Básica, un ingreso universal garantizado, y el libre acceso a la información y el conocimiento, posicionándose en contra de la privatización a través de las patentes de la materia prima principal del capitalismo cognitivo: el saber y la inteligencia colectiva. Son éstas unas reivindicaciones que pretenden combatir el paso vivenciado en las últimas décadas desde el wellfare state al workfare world. Son también unas reivindicaciones acordes y actualizadas a la transmutación de las subjetividades rebeldes y su rechazo a la ética del trabajo. Con ellas, desde el rechazo al trabajo, apuestan por separar la remuneración del trabajo en pos de un ideal de “vida gratis”, reclamando un ingreso incondicional en lugar de pedir más trabajo al modo sindical clásico. A su vez, este rechazo y esta reivindicación se recombinan con el viejo deseo “internacionalista” postulando el cierre de los centros de internamiento de inmigrantes, la reivindicación de “papeles para todos”, con el deseo de constituir un proyecto político encaminado a la consecución de la “ciudadanía” global.

Tenemos por tanto tres reivindicaciones centrales que trazan un espacio común de solidaridad entre las figuras sociales comentadas y que recogen inclusivamente las luchas de las décadas anteriores de los parados y el movimiento feminista, quienes exigían una remuneración tanto para aquello que se llamaba el “ejército de reserva” como para las mujeres invisibilizadas. No debiera olvidarse que el May Day bebe en gran medida del legado de estos movimientos. En concreto, supone una continuación y un movimiento expansivo en relación al movimiento de parados de los años 90. Del mismo modo que hacen ahora los precarios con el May Day, los parados organizaban lo que llamaban las “marchas europeas contra la exclusión y la pobreza”, de igual modo biopolíticas, transnacionales y organizadas en forma/red sobre un espacio político autónomo, fuera de las vías clásicas e institucionalizadas del movimiento obrero tradicional.

Fin del periodo obrerista, las nuevas subjetividades y la contrarrevolución neoliberal.

Hasta aquí hemos comentado la voluntad de reactualización del May Day. Para comprender mejor su significado dentro de la historia de los movimientos sociales así como su deseo de recuperación política del símbolo 1º de Mayo, debemos trazar una rápida genealogía. Debido a que estamos hablando de un movimiento europeo, el marco de referencia utilizado será el continental. Las cuestiones de espacio, nos exigen aquí una generalización que tal vez sea excesiva. De esta manera, generalizando, podríamos situar el momento crítico del cambio paradigmático del antagonismo en el 1968.

Los años sesenta marcan la emergencia radical de unas nuevas culturas. El 1968 señala un punto de inflexión en las políticas antagonistas. Los sesenta supusieron la emergencia de subjetividades antidisciplinarias, singularizadoras, flexibles, nómadas, creativas, suaves y hedonistas. Supusieron la eclosión de un deseo radicalmente democrático, radicalmente antitautoritario. Con espanto, el neoconservador Samuel Huntington consideró su devenir como un “exceso de democracia”. Los sesenta, también los setenta, fueron catalogados por los activistas y los científicos sociales del momento como un periodo generalizado de rechazo al trabajo. Las distintas formas de absentismo, boicot y sabotaje llegaron a causar pérdidas en la producción en torno al 20% en los momentos más críticos. Fue este un rechazo creativo: en su lucha contra el trabajo en cadena los jóvenes inventaron nuevas formas de vida que alternaban meses de trabajo flexible e intermitente con meses de fiesta, viaje y experiencias comunitarias. Este rechazo al trabajo se dio en el contexto generalizado del rechazo a cualquier forma de disciplina y rigidez. “Cambiar la vida, cambiar la sociedad” era el lema. Las revueltas contraculturales de 67-68-69 ó 1977 fueron rebeliones contra la sociedad disciplinaria, contra el panopticismo, sus exclusiones y sus normalizaciones: contra el matrimonio de por vida, los psiquiátricos, la escuela y la universidad, la fábrica, la familia, etc. Todas estas instituciones fueron cuestionadas a la vez que se hacía lo propio con las dos formas disciplinares de la tradición antagonista: el partido y el sindicato.

Con la proliferación de los flujos de subjetividad, deseos e ideas contraculturales las organizaciones clásicas del periodo obrerista entraron en una profunda crisis de la cual ya no se recuperarían. Lo cierto es que ya desde la 2ª Guerra Mundial la mayoría de las formaciones clásicas del obrerismo habían terminado por institucionalizarse, insertándose en los mecanismos de la gobernanza capitalista.

1968 simboliza el fin del proletariado en tanto “sujeto revolucionario”. En su lugar proliferaron nuevos frentes de lucha y otros, antes subordinados a la identidad de clase, cobran un lugar protagonista. Eclosionan el feminismo, el anti-racismo, el pacifismo y el antimilitarismo, los movimientos de los jóvenes y estudiantes que reclaman la palabra, los neo-utopistas (en okupas urbanas o rurales), los artistas anti-institucionales, el ecologismo, los indígenas, el movimiento gay, etc. 1968 fue el momento en que finalmente se configuró un nuevo escenario político con nuevos actores sociales y nuevas relaciones entre ellos, mientras que las viejas organizaciones se mostraban no ya como un impedimento sino como enemigos abiertos de los antagonistas (tanto en Francia como en Italia los partidos y sindicatos ejercieron de apagafuegos). El 68 marcó un punto de no retorno y mostró la necesidad de constituir un espacio político propio para el antagonistmo. Primero este espacio se llamó “extraparlamentario” y después, durante los setenta italianos y los ochenta alemanes, se pasaría a llamar la Autonomía.

Más allá de la crisis del la izquierda.

Una vez aplastados los movimientos de los 60 y 70 se produjo como movimiento de reacción la contrarrevolución neoliberal. Los nuevos movimientos sociales todavía no estaban maduros y la izquierda estaba completamente hundida: los sindicatos se entregaban a la patronal y el gobierno y los partidos de izquierda giraban al centro, cuando no hacia la derecha. Este fue el momento en el que se debatía por doquier la “crisis de la izquierda”, el momento del pesimismo. En Italia tras el desmantelamiento del movimiento del 77, la nueva izquierda italiana se encontró en ante una situación triste y desconcertante, sin saber muy bien que hacer. En este contexto crítico, las ideas de pensadores de la Autonomía como Toni Negri supusieron una alternativa en tanto que vía de superación de la crisis de la izquierda.

Hoy por hoy, el movimiento autónomo italiano, del cual surge el May Day, es el más potente de los movimientos europeos. Su éxito relativo se debe a distintos factores, entre ellos el haber conseguido escapar del pesimismo de la vieja izquierda y el reactualizar sus prácticas trazando una serie de estrategias movimentísticas coherentes e intergeneracionales. Un libro especialmente significativo en este cambio de óptica fue el manifiesto de Guattari y Negri Las verdades nómadas, publicado a mediados de los años ochenta. La tesis central de su escrito era que no había razón legítima para ese pesimismo hegemónico. Del mismo modo que a la vieja izquierda se le había escapado el potente significado de los sucesos del 68, ahora se le volvía a escapar el nuevo escenario de luchas que las nuevas subjetividades estaban haciendo posible.

Era preciso reinventar todo, decían, y de este modo intentaron reinventar el propio comunismo, el cual redefinirían como proceso de singularización, como fundación y reconocimiento de vida comunitaria y de liberación de la singularidad, como expresión singular del devenir productivo de las colectividades. Bajo esta nueva bandera se apostaba por una nueva alianza. Deseaban y profetizaban que serían la singularidad, la autonomía y la libertad las tres líneas de alianza tanto contra el capitalismo como contra el socialismo dictatorial. Esta alianza no era simplemente una promesa fantasma. Las posibilidades antagonistas derivadas de las nuevas subjetividades podían discernirse ya en los ochenta. Aunque todo parecía demasiado nebuloso Negri y Guattari advertían que había muchos signos que indicaban que el nuevo movimiento estaba a punto de dar importantes pasos hacia delante y que el ansia de autonomía nunca había sido tan fuerte. Dos décadas después esta hipótesis no parece tan descabellada.

La multitud. Un nuevo ciclo de luchas.

Reinterpretando la vieja polémica entre el concepto unitario de pueblo de Hobbes y el concepto de multitud, singular y múltiple, de Spinoza, podríamos decir que el paso fundamental que ha ocurrido en los movimientos sociales en la segunda mitad del siglo XX es el paso del Pueblo y la forma/Masa a la Multitud. La multitud Spinoziana supone siempre una multiplicidad imposible de reducir a lo uno. Es de por sí contraria a cualquier idea moderna de soberanía pues carece de representación. El pueblo hobbesiano, en cambio, es uno bajo el signo del Leviatán. La razón de ser de la multitud es la de la diversidad que combate por una causa común manteniendo su singularidad, mientras que la forma de la masa es la de la uniformidad y la disciplina. Para Negri la multitud y la forma/red son en sí los modos más democráticos y también más eficaces para combatir un poder y aprehender una producción que igual que ella se organizan ya en red, aunque sea en red jerárquica. Hoy el antagonismo ya no es reducible al Uno ni uniformalizable; la forma central de los movimientos sociales es ya la multitud. Simplificando, podríamos definir la lucha de la multitud en la actualidad como una lucha desde la diversidad, horizontal y radicalmente democrática, transnacional y multiforme, una lucha biopolítica contra el capital y, más concretamente, contra la contrarrevolución neoliberal.

La multitud ha sido el modo en que las nuevas subjetividades rebeldes han configurado sus luchas, desde las guerrillas urbanas a las nueva forma de guerrilla zapatista, o a través de las políticas de identidad (feministas, gays, etc.), también en las luchas de los parados, las recientes movilizaciones en Francia contra el contrato de primer empleo, la lucha de los emigrantes en EEUU, los piqueteros argentinos y los insurrectos de Oaxaca, o el movimiento en curso por la vivienda en España. Es también la forma que adoptó el movimiento alterglobalización, y que, en un nivel analítico, es el más significativo de de todos ellos ya que supone la apertura de un nuevo ciclo de luchas, un ciclo de magnitud global que a través de la política de la diferencia debe constituir todavía su proyecto, el proyecto de la multitud.

En este sentido el May Day cobra una especial relevancia, en tanto que pequeño acontecimiento dentro de un acontecimiento mucho mayor. Se trata de una nueva expresión de la singularidad de este nuevo ciclo de luchas, otra encarnación más de la multitud, que vuelve a expresarse biopolítica, transnacional, múltiple, singular y radicalmente antiautoritaria, y que lo hace sobre un terreno político propio, autónomo, con la clara vocación de contribuir a constituir una coordinación europea antagonista, una Europa de los movimientos contra la Europa y el mundo del capital.

El nuevo antagonismo del siglo XXI parece haber encontrado su territorio político en la autonomía y su forma y expresión en la multitud. Ahora la multitud debe seguir experimentando con las estrategias y acordando reivindicaciones comunes. El May Day propone las suyas. El futuro nos dirá si podrá materializarse el anhelo expresado en la primera proclama con la que irrumpe globalmente la multitud y asegura que “otro mundo es posible”.

…………
* Este escrito es el resumen de un artículo más amplio publicado en las Actas del Congreso Astur-galaico de Sociología, Coruña, marzo 2007, en el que fue leído como comunicación.

3 Comments

  1. ramonet said,

    April 28, 2007 at 10:16 pm

    Puede que el “Mayday” (ocomosellame a partir de ahora) despierte muchas espectativas, ha sido realmente en muchos sitios un aflor exuberante, buenos, creo yo, lo creo solo a partir de referencias, de lo único de lo que puedo hablar directamente es el “MD o comosellame” en Barcelona, que es donde yo lo he conocido y del que tengo, directamente algunos años, e indirectamente otros, información de primera o de segunda mano.

    Del 2004 me hablaron amigos, conocidos y colegas, el mayday, a pesar de que fue el año en que el manifiesto era más críptico (lo redactó un profesional universitario) parece que fué el más multitudinario y satisfactorio, el personal en general lo paso bien (este ya es un objetivo importante conseguido, ya está bien de sufrimiento militantista!!), hubo sus más y sus menos, pero como no estaba, tampoco puedo opinar.

    El 2005 si que estuve presente, se junto un cortejo “colorista” muy trabajado (reproducciones de pateras, virgnes del precariado en procesión…), camiones con megafonia marchosa, un poco demasiado tecno para lo carrozas ….. Sólo hubo un inconveniente, antes de la mani, camino a ella, la pasma detubo a dos grupos (con caminones disfrazados, megafonias, etc… muy maydays), a uno le soltaron rapidamente (suerte) y a otro lo retuvieron más tiempo acusándole de preparar acciones vandálicas (os suena?), les cogieron piedras (venian de hacer una paella, decian que era para aguantar la cacerola!) y alguna ortra cosa… segun los medios y la policia eran el BLACK-BLOC, pero solo eran un grupo de un sindicato de CNT, la cosa no tendria más importancia, se podría haber realizado la mani igualmente, incluso se puede aceptar que no era necesario interrumpirla por las detenciones… pero es que los maydeistas de barcelona fueron más lejos, a pesar de toda la parafernalia megafónica silenciaron los hechos durante toda la mani, eso si, ruidosa música antagonista para que nadie piara. Y al acabar, después de leer el maydayesco manifiesto (bastante enrevesado y aburrido) negaron a los compañeros de los detenidos una cosa muy dificil de negar, la palabra, cortaron los micros, cargaron los restos del atretzo en las camionestas alquiladas (pedazos de patera imaginaria, disfraces de obreros precarios, los paios y los pasos de nuestra señora del precariado y de san precario…. y la megafonis que tanta música guay habia vomitado) y se fueron pa casa … esto si, algunas horas después, cuando ya no se podia producir una reaccion autonóma, antagonista. solidaria y/o precaria sacaron un comunicado en el espacio favorito del “cognitariado”, en indymedia, convocaban (con horas de retraso) a concetrarse ante la comisaria de la Verneda, una coartada endeble… no valió de nada.

    El año 2006 la cosa fué diferente, ni mejor ni peor, se pareció más a la manisfetación autónoma de cada año se hacía en Barcelona(desde bastante antes del 2000)l a tarde del 1 de mayo, no habia casi disfraces (un punto en contra), pero se realizaron más acciones en la calle (un punto a favor).

    Parece que este 2007 no habrá mayday en Barcelona….

    Quiero resaltar varias cosas a favor del “mayday”:

    1.-El intento de superar la postura “sacrificial” del 1 de mayo de los “martires de Chicago”, seguro que a algunos de ellos les gustaria más una marcha alegre que una fúnebre rememoranza.
    2.-El remarcar que no todo es obrerismo y que actualmente este término (como sumum de la explotación) está anticuado. aunque los oprimidos y machacados sigan existiendo y sean mayoría.
    3.-El usar la imaginación para “protestar” un mensaje imaginativo es, como mínimo más gratificante que todas la épicas.
    4.-El afan de conectar una gran diversidad de luchas, aunque este afan haya resultado a menudo excluyente y sólo de “boquilla”.

    Y más cosas de estas que con el lenguaje maydayesco me veo incapaz de formular (no os enfadeis, en parte es vroma….).

    Pero también hay algunos puntos oscuros:

    1.-Entre una buena parte de los maydayescos impera la ideologia del buenismo, del buenrollismo y del antagonista razonable, son partidarios de negociar con los poderes (los antagónicos de los antagonistas?) para legalizar espacios “ocupados”, conseguir ayudas directas o indirectas, ser interlocutores del municipio, la consejeria de gobernación o el delegado del gobierno (los antagonistas?!!)… Y esta “buena parte creemos que estaba detrás. el 2005, de los esfuerzos para ocultar las detenciones de la tarde antes de la mani… porqué?… porqué para llegar a acuerdos, sobretodo a acuerdos duraderos y significativos no se puede ser anatgonista de la policia nacional o del delegado del gobierno, sólo hay que ser antagonista de cosas más abstractas, más intelectuales, más académicas, el poder, el biopoder, el estado… que se yo!!!, cuando este antagonismo se enfrenta a la “cara dura del estado”, pode el rabo entre las piernas y se refugia en la responsabilidad (no podemos poner en peligo el finals del mayday leyendo un comunicado sobre las detenciones!!), o simplemente desaparecen como hicieron los “tutti bianchi” después de Génova.

    2.-Algunos del 2004 y de 2005 se lamentaban de que tanto esfuerzo, pasos “religiosos”, pateras de carton, manstruos y gigantes diversos, se quedara en una teatrillo para nosotros mismos, para los manifestantes, mucho esfuerzo pero igual con menos se podria llegra a más en el mercado de su barrio. En resumen, un acto alegre, lúdico, festivo, pero …. tan autorreferencial como las manis obreristas más ráncias. Además, y es justo decirlo, en esto no hay novedad ninguna, en la rotura de la transición los llamados “anarcopasotas” (denostados por CNT) ya habían practicado todo esto en la calle, en las manis y en conciertos, por no hablar del movimiento de resistencia ala mili y antimilitarista, el GANVA de Barcelona, los diversos milikk y las manis AntiOTAN.

    3.-Tampoco el sujeto imaginario del precario es nuevo… ¿cuando ha sido fijo el trabajador en general?, ni siquiera durante el franqusmo, cuando, paradoxalmente (o no tanto) los trabajos eran más fijos, nuestros bisavuelso eran precarios (lespodian despedir cuando fuese), nuestros abuelos fueron precarios y, sólo los padres de algunos se beneficiaron de este imaginario mundo de estabilidad (nadie recuerda la crisis de principios de los 70, la reconversión de los 80… etc….). Siempre ha habido un sector de trabajadores que usaban el conocimiento, incluos era una capa más extendida que ahora, los maestros tejedores, doradores, escayolistas … eran “cognitariado” auténtico, más que los “creadores” modelnos… y sigue siéndolo…

    No me gusta el Primero de Mayo, ni me gusta el Mayday, ni unos ni otros cuestionan el trabajo ni el capital, y, aunque es cierto que quien no se involucra en lo inmediato que le concierne dificilmente se involucrará en algo más lejano, creo que si no vamos a la raíz nos perderemos por las ramas.

    Un abrazo

  2. ramonet said,

    April 28, 2007 at 10:21 pm

    Esto de escribir en esta ventanita del “post comment” es un peñazo…
    Se me olvidaba decir una cosa sobre el final…. El lema “otro mundo es posible” no procede del mayday (movimiento multiforme, diferente en cada sitio pero anticapitalista), procede de los adeptos a la Tasa Tobin, los de ATTAC. Una temporada en que me empeñe en enfrentarme a ellos decia “con capitalismo, estado. autoridad… ningun otro mundo es posible”.

  3. Antón said,

    May 3, 2007 at 4:26 pm

    Ramonet, gracias por tu aportación al debate. Lo cierto es que estoy de acuerdo con algunas críticas. Con otras estaría de acuerdo para ciertos May Days, no para todos. Al respecto del “buenrrollismo” creo que a este respecto el May Day barcelonés es distinto a otros eventos como el que se realizaba (y este año ya no se ha realizado) en Milán. Por otra parte, son muy distintas los centros sociales, redes y colectivos que hay detrás de unos y otros May Day. De nuevo, no es lo mismo la realidad de Chainworkers que la de los Padovanos, no es lo mismo la del ESC romano que la de ciertos centros sociales barcelones. Sin entrar en juicios de valor aquí, simplemente se trata de prácticas muy distintas, unas más otras menos conflictivas. Quedándonos en la visión de los May Day realizados en la península no vemos todo el cuadro sobre el que se dibuja el evento. A este respecto,

    Por otra parte, como en todo, como siempre, no es de extrañar que haya comportamientos colectivos o personales que nos desagraden. Esto es criticable en el May Day, en el movimiento anarquista, en cualquier escena. Sin embargo, más allá de la “humana condición”, y aunque a nivel teórico-político tampoco es que el May Day sea lo que más me entusiasme , creo que significa unas cuestiones muy interesantes. A nivel simbólico la resignificacion del significante por antonomasia del periodo obrerista -el 1ºde mayo- creo que es importante pues da un paso desde la Ética del Trabajo (”queremos trabajo”, el “trabajo dignifica”, etc.) o otra más vinculada a lo que en los 60/70 se conoció como el Rechazo al Trabajo (”dinero gratis”, “vida gratis”, placer y creatividad en lugar de sacrificio). Aunque sólo sea por estas cuestiones me parece interesante. Su incorporación de reivindicaciones desnacionalizantes o desestatalizantes como es el caso de la reivindicación de fondo de la “ciudadanía” global, reinsertando el sueño “internacional” y actualizándolo a los nuevos tiempos, creo que también se trata de un feliz encuentro a nivel programático.

    Por último, no estoy de acuerdo de que “precarios” siempre hayamos/hayan sido. Hay que ver qué es lo que se quiere referir por este concepto. Si no nos gusta el término no pasa nada, lo cambiamos y ya está. Pero la realidad social que con esta etiqueta se expresa creo que sí que es una ralidad nueva. Antes lo que primaba era el trabajo-para-toda-la-vida ahora la flexibidad; antes de esto primaba la temporalidad (contratación a las puertas de la fábrica) ahora prima pero un marco distinto dentro de una economía comunicacional-cognitiva, un entramado tejido entre la omnipresencia del consumo y el espectáculo, etc.

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